Traducción a la lengua vasca

Mujeres vascas a orillas del mar, 1871.
J. Veyrassat (1828-1893).

A pesar de la centralidad de la traducción en la literatura vasca, el estudio de esta actividad es un ámbito relativamente inexplorado en el País Vasco, tal como muestra la relativa falta de trabajos publicados en ese campo. Aparte de datos sobre los porcentajes de traducción a lo largo de la historia, ofrecidos por autores como Ibon Sarasola (1975) y Joan Mari Torrealdai (1979, 1997, 2005) en sus investigaciones sobre la literatura vasca, existen aún muy pocos estudios sobre la actividad de traducción. El informe más comprehensivo sobre la historia de la traducción vasca es la obra Euskal Itzulpenaren historia laburra de Xabier Mendiguren Bereziartu (1995), si bien también las obras de Manu Lopez sobre la literatura infantil y juvenil (LOPEZ 2000, 2005) realizan una importante contribución al estudio del papel de la traducción en el sistema literario vasco. El esfuerzo realizado por EIZIE (Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca) de ofrecer una lista de todas las obras traducidas a la lengua vasca es también digno de mención: su catálogo on-line incluye más de 6.990 traducciones.

[...] Según la obra Euskal Itzulpenaren historia laburra de Xabier Mendiguren Bereziartu (1995), está claro que la mayoría de las traducciones anteriores a 1975 eran textos religiosos, y que el modo de traducir estaba condicionado por la necesidad ideológica de reproducir fielmente la palabra de Dios.

La primera traducción a la lengua vasca -que fue, de hecho, el segundo libro publicado en la corta historia de la literatura vasca, iniciada con el Lingua Vasconum Primitiae de Bernart Etxepare, en 1545- fue, tal como he mencionado anteriormente, el Nuevo Testamento de Joanes Leizarraga (1571). La traducción fue considerada una obra maestra y estableció las bases de la traducción literal.

Durante el siglo XVII, la mayoría de las obras traducidas eran libros ascéticos, si bien también se tradujeron proverbios de diferentes idiomas. Entre los traductores de este periodo podríamos mencionar a Joanes Etxeberri de Ziburu, Joanes Haranburu, Arnaut Oihenart y Pedro Axular.

En el siglo XVIII, la traducción se caracteriza por las múltiples traducciones de la Biblia (Betri Urte, Joanes Haraneder y Joaquin Lizarraga de Elkano, entre otros), así como por los diversos intentos de elevar la lengua vasca al estatus de "lengua de cultura" (Manuel Larramendi, Agustin Kardaberaz, Joan Antonio Mogel y otros).

Las traducciones más famosas del siglo XIX son las realizadas bajo la dirección del príncipe francés Bonaparte. Bonaparte se interesó por la lengua vasca, y con objeto de analizar los diferentes dialectos de esta lengua solicitó a un grupo de escritores la traducción de algunas partes de la Biblia a sus respectivos dialectos vascos.

Tras la pérdida de los "fueros" vascos (privilegios legislativos especiales) en 1876, se produjo un incremento de la preocupación por la historia nacional, la cultura y la lengua vasca, y ello condujo al florecimiento de la literatura. En ese grupo podríamos mencionar a traductores como Toribio Alzaga, Gregorio Arrue, Resurrección María Azkue y Manual Arriandiaga.

[...] Nikolas Ormaetxea (Orixe) inició la era de la traducción libre. Después de ganar un concurso literario en 1928, con la traducción desde el castellano del quinto capítulo de El Quijote, este autor también tradujo El Lazarillo de Tormes, en 1929. En esta época de traducción libre deberíamos también mencionar a Jokin Zaitegi, Andima Ibiñagabitia, Bedita Larrakoetxea y otros. Muchas de sus traducciones fueron publicadas en revistas literarias, tales como Euzko Gogoa, Olerti y Egan. Además de obras de autores clásicos (Eurípides, Platón, Sófocles, Horacio, Ovidio, Virgilio, etc.), también otros autores importantes como Shakespeare, Cervantes, Longefellow, Wilde y los hermanos Grimm fueron incorporados a la lengua vasca. La contribución realizada por el famoso escritor vasco Gabriel Aresti a la traducción es también digna de mención. La tendencia a la traducción libre permanecería en vigor hasta la década de 1960, época en la que una nueva generación de escritores vascos empezó a tomar un camino diferente en la literatura y en la traducción, de la mano de autores como Joxe Azurmendi, Txillardegi, Ramon Saizarbitoria y, algo más tarde, Bernardo Atxaga.

El final del régimen de Franco (1975) marcó un punto de inflexión para la literatura y la traducción vascas. Con la aprobación de una nueva Constitución en España, la lengua vasca adquirió estatus de cooficialidad con el castellano en la Comunidad Autónoma Vasca, lo cual condujo a la difusión de la lengua vasca en diversos ámbitos (educación, administración, medios de comunicación) y creó una nueva necesidad en el campo de la traducción. Lógicamente, hubo un notable paralelismo en la producción literaria vasca. Pero este incremento no habría sido posible sin la ayuda de libros traducidos (especialmente en el campo de la literatura infantil). Se produjo una proliferación de editoriales vascas, en 1979 se creó la primera escuela de traducción (Martuteneko Itzultzaile Eskola), y desde septiembre de 2000 la Universidad del País Vasco ofrece una licenciatura en Traducción e Interpretación.

En la actualidad, una de las actividades más intensas de traducción literaria en el País Vasco es la traducción de obras de literatura infantil y juvenil. Según un estudio realizado por Manu Lopez (Lopez 2000), la literatura infantil cubre aproximadamente el 72% de toda la literatura traducida a la lengua vasca. Los principales idiomas desde los que se traduce son el castellano, el inglés y el catalán. En los veinte años siguientes a la muerte de Franco (1976-1995) se tradujeron 1.500 libros a la lengua vasca en el ámbito de la literatura infantil, la mayoría de ellas en el marco de las numerosas nuevas series y colecciones para niños creadas por editoriales como Gero-Mensajero, Hordago y Elkar, y posteriormente por Pamiela, Ttarttalo, Ibaizabal, S.M y otras. Puede decirse que la función principal de este tipo de traducción era llenar el vacío existente en diversas áreas que estaban subdesarrolladas en la lengua vasca, así como responder a la gran demanda del sistema educativo.

Dejando a un lado la literatura infantil y juvenil, la iniciativa más importante dirigida a hacer llegar la literatura mundial a los lectores en lengua vasca es la serie denominada "Literatura Unibertsala", un proyecto iniciado en 1989 tras diversas reuniones entre la Consejería de Cultura del Gobierno Vasco y EIZIE (Asociación de Traductores, Correctores e Intérpretes de Lengua Vasca), mediante el cual se acordó realizar cada año un concurso de traducción destinado a promover la realización de traducciones de calidad de clásicos seleccionados. No resultó fácil establecer una lista canónica de "obras maestras" a traducir, puesto que dicha lista podría variar notablemente en función de los criterios elegidos para la selección (por ejemplo: longitud y calidad del texto, tendencias generales del mercado, accesibilidad y posibilidad de traducción). En cualquier caso, todo el mundo estuvo de acuerdo en que una asociación como EIZIE no debería ignorar la necesidad de traducir aquellos títulos que han alcanzado aceptación a nivel mundial, así que finalmente se decidió que la lista constaría básicamente de obras escritas por autores clásicos de los siglos XIX y XX, enfocadas fundamentalmente hacia la modernidad. El primer concurso de traducción se celebró en 1989 y condujo a la traducción de 7 libros, los cuales fueron publicados en colaboración con la editorial Ibaizabal , con la ayuda del Gobierno Vasco. Desde entonces, cada año se ha traducido una cantidad similar de libros, si bien en la actualidad se publican en colaboración con las editoriales Elkar y Alberdania. La lista completa de traducciones puede consultarse en la página web de EIZIE (ALDEKOA y OLAZIREGI 2001; AUZMENDI 1990).

JAKA IRIZAR, Airoa. "Literatura en lengua vasca y traducción", en Transcript 2005 [artículo íntegro]. Traducción de Koldo Morales.
 

"Essais" de Montaigne: ¿una traducción aún por hacer?

Retrato de Michel de Montaigne.
Daniel Dumonstier (1574- 1646)

A diferencia de otros genios que han impulsado el desarrollo de la ciencia y de la filosofía, imprimiéndoles rumbos nuevos, pero que hoy sólo suelen interesar a los historiadores o a los especialistas, Montaigne, en apariencia más modesto por haber consagrado su atención, minuciosa, objetiva, inteligentemente crítica, al estudio del hombre, está hoy más vivo que nunca. No vamos a descubrir, en estas líneas forzosamente breves, nada nuevo tratando de explicar la gran trascendencia que, en la historia del pensamiento y de la cultura, representa la obra de Montaigne, creador de un número literario que no ha dejado de atraer cada vez más a los escritores y lectores amantes de la meditación abierta y enriquecedora. Recordemos tan sólo que, hostil a toda sistematización y contrariamente a los que después han adoptado el título de "ensayo" para designar estudios especializados, Montaigne es [...] el primer escritor laico que rompe con la especialización de su época, la del jurista, la del teólogo, la del político, la del moralista, la del historiador. Él pasea su mirada penetrante y reflexiva por cuanto le rodea y especialmente sobre sí mismo, sin orden aparente ni preconcebida finalidad. Sabe que el detalle más insignificante puede hacer surgir resonancias inesperadas. Todo le interesa, lo trivial y lo grandioso; lo tosco y lo delicado; el hecho más nimio puede desembocar en densas y profundas digresiones, las anécdotas más anodinas suelen descubrir repliegues insospechados de la conciencia humana. Cualquier movimiento nos descubre. Montaigne pertenece a ese grupo de pensadores cuyo instinto, cualquiera que sea el asunto tratado, les lleva indefectiblemente a dar en los problemas esenciales, la creencia, la moral, la política, la educación.

[...] Como ya es bien sabido, la primera traducción española de los Ensayos fue emprendida en 1634 por Diego de Cisneros. A pesar de sus modificaciones en un sentido más ortodoxo, a pesar de la protección y estímulo del inquisidor don Pedro Pacheco, a pesar del interés de muchas personalidades que le apremiaban para que no demorase la publicación, fracasó en su empresa. Esta traducción, hoy lo sabemos con certeza, no se imprimió jamás. Ya hace algunos años sospechamos que precisamente el Discurso que, a modo de prólogo, escribió Cisneros fue, si no la única causa, al menos motivo importante para la no publicación de esta versión. Cisneros terminó su traslación del Primer Libro de los Ensayos el 12 de septiembre de 1636 y es de suponer que inmediatamente la sometería a aprobación; en efecto, en el manuscrito constan dos aprobaciones y las correspondientes licencias inquisitoriales para la impresión otorgadas por el Vicario L. Lorenzo Iturriaga y el Licenciado Pedro Blasco que llevan fecha del 1.º de septiembre de 1637 y el 9 del mismo mes y año, respectivamente. Mientras llegaba esta aprobación, Cisneros inició la redacción de su Discurso el 16 de agosto de 37 y lo terminó el 28 del mismo mes, es decir, unos días antes de obtener los referidos permisos. Pero su Discurso ya no posee aprobación alguna. Está claro que el texto de los Ensayos, con las modificaciones introducidas por Cisneros, no despertó ningún recelo, por lo que nos pareció más que probable que fuera el propio Cisneros con su Discurso y sus explicaciones quien, ingenuamente y a pesar suyo, descubrió a los censores la "peligrosidad" de la obra. Y hemos comprobado que los Ensayos fueron incluidos en en Índice de la Inquisición española, publicado en 1640, el primero que salió a la luz tras haber concluido Cisneros su traducción. Y así fue cómo esta versión --que de haberse publicado en su momento habría colocado a España entre las primeras naciones que tradujeron a Montaigne, en tercer lugar exactamente, después de la de Londres en 1603 y la de Venecia en 1633-- quedó perdida y desconocida hasta casi nuestros días...

Luego se hizo el silencio durante más de tres siglos, hasta 1899, año en que aparece impresa en París la versión de los Ensayos en lengua española, llevada a cabo por el erudito Constantino Román Salamero. Mas ocurre que esta traducción se basa, como es natural, en una edición francesa anterior a esa fecha, es decir, cuando todavía los especialistas no habían prestado demasiada atención a las infidelidades de las ediciones de los siglos XVII, XVIII e incluso XIX. [...] Como dice Pierre Bonnet, distinguido montaignista especializado en el estudio de las ediciones de los Ensayos, el problema que plantea el lograr conocer el auténtico y definitivo original de Montaigne no atrajo la atención de los eruditos hasta principios de nuestro siglo. Y aún ahora persiste otra dificultad que puede considerarse insoluble. Y es que el ejemplar de Burdeos depositario último del pensamiento de Montaigne fue encuadernado por los monjes bernardos en cuyo poder estuvo hasta la Revolución; y el encuadernador, al hacer su trabajo, cortó parte de las hojas, perdiéndose así palabras e incluso fragmentos de frases, para siempre. Esto explica que, contrariamente a lo ocurrido con las obras de Rabelais, Ronsard, Du Bellay y otros prosistas y poetas del siglo XVI, no exista en Francia una edición crítica de los Ensayos.
[... ] Lo que queremos, sobre todo, advertir es que, inexplicablemente, las pocas traducciones españolas más recientes siguen reproduciendo, más o menos retocada, la versión de Constantino Román Salamero, obra muy meritoria en su tiempo pero que lógicamente se basa, como hemos dicho, en las ediciones francesas procedentes de las de 1595 y 1598. Todas ellas siguen haciendo figurar el capítulo XIV en lugar del XL, por ejemplo, admitiendo redacciones erróneas, y lo que es más grave, carecen de las interesantísimas variantes y adiciones introducidas por Montaigne en el Ejemplar de Burdeos.
Página del famoso Ejemplar de Burdeos, copia de la segunda edición de los Essais con las correcciones, anotaciones y adiciones de Montaigne para la tercera (y última) edición. Pertenece al Ensayo número 27 del primer libro, titulado "De l'amitié". Fuente: Universidad de Chicago.

LÓPEZ FANEGO, Otilia. "Actualidad de Montaigne. Los Essais, una traducción por hacer" [artículo integro anotado]. Fuente: Cervantes Virtual.


* * *

Afortunadamente, de un tiempo a esta parte parecen haberse vuelto las tornas. El 13 de noviembre de 2007, decía una reseña de Sergi Doria publicada para ABC: 

Montaigne definitivo y original en español
No vamos a descubrir lo que los Essais de Michel de Montaigne (1533-1592) representan en una cultura occidental ayuna de discurso moral. El editor Jaume Vallcorba --de Acantilado-- sigue recolectando las piedras dispersas del Humanismo, en tiempos de relativismo e indigestión multiculturalista. Y le pone portada con legajos latinos a la versión más original de los Ensayos de Montaigne, la edición de Marie de Gournay de 1595, con prólogo de Antoine Compagnon y traducción de Jordi Bayod Brau. Es la primera vez en España que se adopta el texto de 1595 sustituyendo la edición de Burdeos de 1580 -hasta ahora considerada canónica- y aprovechando de ésta anotaciones inéditas. 
Los Ensayos, advierte Compagnon, "se han renovado mucho desde hace veinte años, de manera bastante imprevista y sorprendente. Cuando yo era estudiante, todos leíamos a Montaigne en el Ejemplar de Burdeos y no podíamos imaginar otra cosa. Por lo demás, en las librerías no había otro texto disponible. Pues bien, desde hace una década, la balanza se inclina a favor de otro texto, el de la edición póstuma de 1595 procurada por Marie de Gournay, que hoy parece ser aceptado casi unánimemente por editores y traductores. Es curioso observar tales vuelcos del consenso crítico".

¿Será ésta la versión definitiva?

Richard Wright, chico negro

Richard Wright, fotografiado por Carl Van Vechten el 23 de junio de 1939.

En 1960 moría en Ailly (Normandía), a los 52 años, un norteamericano de color a quien pocos miembros de la pequeña comunidad identificaban con lo que en realidad fue su lejano país de origen: uno de los mejores novelistas de su raza. Se llamaba Richard Wright y se le conoce fundamentalmente por un extraño libro aparecido en 1940, Native Son (Hijo Nativo), que llegó a convertirse en un clásico de la época.

Así comienza la reseña de Robert Saladrigas aparecida el 24 de septiembre de 1987 en la sección Libros de La Vanguardia bajo el título "Una violencia que ya es historia", un repaso magistral al legado literario de Richard Nathaniel Wright, incluidas las traducciones:

[...] "Hijo nativo", que si no me equivoco es la primera vez que se traduce a una lengua peninsular. A excepción de "Black Boy", publicada por Afrodisio Aguado a finales de los cincuenta con el enojoso título de "El Negrito", la mayor parte de la obra de Wright se editó en Sudamericana, de Buenos Aires. Pero curiosamente no se tradujo "Native Son", sin duda su mejor obra, y lo fue semiclandestinamente "Pagan Spain" (1957), un ácido documento sobre la España de Franco que Wright escribió estimulado por Sartre y Simone de Beauvoir, con quienes en aquellos años de residencia en Saint-Germain-des-Prés compartía el fervor por la corriente existencialista del momento.

En los registros del ISBN es posible comprobar que, efectivamente, muy poco se ha traducido de Wright en nuestro país. Entre los resultados de una búsqueda rápida se cuentan la autobiografía El Negrito (Ed. Afrodisio Aguado, 1950, tr. Enrique Pascual), que hasta 2007 no tendría la fortuna de darse a conocer como Chico Negro (Grupo Unisón, tr. Rafael Rodríguez Tapia), Hambre americana (Noguer Ediciones, 1978, tr. Antonio Samons), Hijo Nativo (Ed. Versal/Círculo de Lectores, 1987, tr. Pedro Lecuona Sasiain) y España Pagana, "semiclandestina" hasta 1988. Casualidad o no, este documento histórico vio la luz en la España democrática un año después de la reseña, prologado, traducido y anotado por Salvador Guerra para la efímera Editorial Orígenes, de Madrid; sin embargo, cabe preguntarse en qué condiciones se publicó, o si fue una edición de tirada ínfima que pasó totalmente inadvertida, a tenor de las palabras que la ensayista y traductora Maribel Cruzado Soria (2011) dedica al autor y su obra:

sorprende que nunca haya sido publicado en España y que la única edición en nuestra lengua sea la de 1970 de la editorial La Pléyade, de Buenos Aires, que pasó casi inadvertida. Es fácil de comprender que a la dictadura franquista no le atrajera el libro teniendo en cuenta el conocido antifascismo del autor, pero una vez terminado ese período, ¿por qué sigue sin interesar al mundo editorial de habla hispana?

Sorprende tanto como que no se mencione ni se analice aquí la versión española de Salvador Guerra del año 1988. Pero queremos creer que algún motivo habrá para que, con "única en nuestra lengua", Cruzado Soria se refiera a la versión bonaerense de Aníbal Leal, editada en 1970 "de manera desestructurada":
Se omitieron las observaciones sobre paralelismos que Wright encontraba entre los afroamericanos y los protestantes y los gitanos que vivían en España, en ambos casos españoles considerados ciudadanos de segunda categoría. O las que hacía cuando afirma que “España es un país gobernado en el nombre de Dios… La población española es una gran familia. Dios es el padre; el Papa representa a Dios; y Franco representa al Papa… Estoy en contra de Franco, pero siento una enorme simpatía por los españoles y por cómo se las han arreglado para vivir y yo me limito a exponerlas”.
      Además de una extensa sección dedicada a los toros, lamentablemente Pagan Spain omite del manuscrito original de Wright el encuentro con Pío Baroja, con el que entabla una conversación algo surrealista con (o a pesar de) la ayuda de un intérprete; las visitas a museos, como El Prado, y varias docenas de interesantes páginas dedicadas a sus visitas a Córdoba y Valencia con sus impresiones sobre las Fallas. Asimismo, el recuento de sus estancias en Barcelona, y sobre todo en Sevilla, están sustancialmente recortadas, así como la visita a Zaragoza, que sólo se la menciona brevemente en el libro.
       Faith Berry, en el prólogo de la edición inglesa de 1994 para Harper Perennial, señalaba lo feliz que se habría sentido Wright de haber visto cumplidos sus deseos de que en la España de hoy en día se viva en democracia, que ya no se vean guardia civiles con las armas al hombro, que Sevilla ya no presente su imagen de pobreza, que las calles de Madrid no estén transitadas por burros y que Barcelona use las plazas de toros para conciertos en vez de para las corridas, “ese espectáculo glorioso y bello pero terrible y criminal” a decir de Wright. 
        Por mi parte, creo que él también se habría sentido feliz si Pagan Spain, pese a sus enormes deficiencias, se hubiera publicado en España. Al menos hoy ayudaría a que los españoles se familiarizaran con el nombre de Richard Wright, el escritor, que no el músico.

Dejando de lado esta y otras incógnitas, cabe destacar que el escritor Richard Wright sigue siendo en nuestro país un autor poco conocido al que se ha hecho escasa justicia. De la breve lista de obras traducidas, llama también la atención El Negrito "de enojoso título" aparecido en 1950 de la mano de Enrique Pascual y la editorial Afrodisio Aguado. En la bibliografía de Richard Wright, editada por Keneth Kinnamon (2006), dicen las entradas números 28 y 54:

28. Anon. Dust Jacket of El Negrito. By Richard Wright. Trans. Enrique Pascual. Madrid: Afrodisio Aguado.

Notes that despite his fame in America and the north of Europe, W[right] has heretofore been unknown in Spain.
 ___________________

54. Anon. "Prólogo" in El Negrito. By Richard Wright. Trans. Enrique Pascual. Madrid: Afrodisio Aguado, S. A. pp. 9-10.

Notes W[right]'s fame elsewhere, emphasizes the racial theme of this translation of B[lack]B[oy], and praises the work's prose style. If the Spanish example of racial tolerance had been followed, the racial problems revealed in the book would not exist. Notes that the translation is an expurgated version of the original.

Según Kinnamon, hasta la publicación de El Negrito (1950), Richard Wright era prácticamente desconocido en España pese a la fama que lo precedía en América y en el norte de Europa; por otra parte, alude a los problemas de intolerancia racial revelados en el libro y existentes en territorio español, además de señalar que la traducción es una versión expurgada del original (léase "desprovista de episodios y frases consideradas irreverentes"). Cincuenta y siete años hubimos de esperar a que esta versión censurada durante la época franquista se desencorsetara, gracias a la iniciativa de Rafael Rodríguez Tapia y su pequeña editorial Grupo Unisón (1999-2008), con un nuevo título: Chico negro (2007).



Referencias
CRUZADO SORIA, Maribel. 2011. "La España pagana de Richard Wright", en Fronterad Revista Digital, 05/05/2011. [Ver artículo íntegro.]
KINNAMON, Keneth (ed.). 2006. Richard Wright: An Annotated Bibliography of Criticism and Commentary, 1983-2003. McFarland & Company.
WRIGHT, Richard Nathaniel. Chico Negro. Sevilla: Grupo Unisón Producciones, 2007. Traducción de Rafael Rodríguez Tapia.
---. El Negrito. Madrid: Afrodisio Aguado, 1950. Traducción de Enrique Pascual.
---. España Pagana. Madrid: Editorial Orígenes, 1988. Traducción de Salvador Guerra.
---. Hambre Americana. Barcelona: Noguer Ediciones, 1978. Traducción de Antonio Samons García.
---. Hijo Nativo. Barcelona: Círculo de Lectores, 1987.  Traducción de Pedro Lecuona Sasiain.

Eduardo Barriobero, el primer traductor de Rabelais

Ilustración para Gargantua, de François Rabelais, publicada en
Oeuvres de Rabelais (París: Garnier Freres, 1873), Libro I, vol. 1, cap. XXXVIII, p. 117.
Gustave Doré (1832-1883).
Hace algunos años, y dentro del marco de los estudios cervantinos, la casualidad me llevó a un escritor desconocido. Obedecía al nombre de Eduardo Barriobero y Herrán. Había nacido en 1975 en Torrecilla de Cameros, cuna de Práxedes Mateo Sagasta, cabeza del partido liberal y varias veces presidente del Gobierno en las últimas décadas del siglo XIX. Barriobero murió, fusilado por las tropas franquistas, en 1939 en Barcelona. El vínculo del paisanaje despertó mi curiosidad inicial, que aumentó al comprobar que entre la producción intelectual de Barriobero figuraban varias ediciones de Rabelais en lengua española. En una de ellas aparecía el epígrafe "Rabelais en España", que ha de considerarse el arranque de la fortuna del autor francés en el ámbito hispánico. Un estudio más detenido de este personaje reveló que había sido un brillante intelectual, destacado político, conocido abogado anarcosindicalista, activo colaborador en la redacción de publicaciones periódicas, director de alguna de ellas, escritor no desdeñable y traductor de autores franceses. Versatilidad tan extraordinaria avivó aún más mi interés, hasta percibir que Barriobero formó parte de aquel sector de la vanguardia española silenciado por las balas de los insurrectos de 1936 y por la represión de la dictadura franquista. [...] Es en este contexto de libertad donde empiezan a gestarse las traducciones de Rabelais, que entrarán en regresión en el periodo franquista.

[...] De la biografía de Barriobero, que ha sido preciso reconstruir, se desprende que poseyó una alta conciencia social, lo que le llevó a participar en la lucha por las libertades democráticas, en particular en aquellos movimientos reivindicativos de los derechos de las clases populares y en las protestas ciudadanas contra los abusos de poder. [...] Se produjeron desórdenes y, para evitar su detención, se exilió en Francia. Nicolás Estévanez, exministro republicano, puso a Barriobero en contacto con editoriales galas y ese modo de subsistencia constituyó el contacto inicial con Rabelais y otros autores franceses, clásicos y contemporáneos, con los que llegó a mantener relaciones epistolares, caso de Émile Zola (1840-1902). [...] A su regreso a Madrid, López del Arco, escritor y librero, se ocupó de la edición de Gargantúa, que lleva como subtítulo "Primera versión castellana, con un estudio crítico-biográfico del autor, notas y un vocabulario explicativo de algunas palabras y nombres emblemáticos, por Eduardo Barriobero Herrán". [Madrid: López del Arco (Imp. Felipe Marqués), 1905; 323 p. (Biblioteca clásica filosófica)]. Resulta esclarecedor observar cómo la primera edición española de Gargantúa se realizó con criterios absolutamente modernos (estudio biográfico, edición anotada y glosario onomástico), que hasta hoy siguen las ediciones de clásicos universitarios.

Rabelais, François. Gargantúa. López del Arco, c. 1910.

Por otra parte, la primera edición de Rabelais coincidió con un año cervantino, como fue el de 1905. [...] Barriobero, a la vez que imprimió su edición de Rabelais, dio a conocer una serie de escritos cervantinos: Cervantes de levita. Nuestros libros de caballería, Don Quijote y Sancho Panza: ópera cómica, Don Quijote de la Mancha: comedia lírica en cuatro actos, Las mujeres del "Quijote" y Los lugares del "Quijote". De este modo, Barriobero desarrolló una labor editora en la que conjugó la traducción de Rabelais con la elaboración de ensayos cervantinos. A partir de estos momentos la preocupación por ambos autores correría en paralelo, pues Barriobero volvería a imprimir una segunda serie de escritos cervantinos con motivo de la conmemoración del Quijote de 1615 y seguirá editando a Rabelais a lo largo de toda su vida como escritor. La fortuna de Rabelais en España partió así de un año cervantino y, aunque la interacción entre ambos autores no pudo ser desarrollada por Barriobero, estableció una asociación cuya potencialidad acabaría siendo explotada. Como no podía ser de otro modo, este mérito correspondió al hispanismo francés. De entre la amplia nómina de investigadores (los Redondo, Chevalier, Canavaggio, Ly y tantos otros) me permito destacar por diversos motivos a Monique Joly, especialista en la aplicación de los motivos transgresores rabelesianos (la burla, la locura, la necedad, el erotismo, la comida, el vino, la muerte y la resurrección, etc.) como nuevo modo de aproximación al vasto universo del Quijote.

[...] El paso siguiente lo dio Barriobero en el periodo comprendido entre 1905 y 1910, pues amplió la traducción de Gargantúa incorporando los libros de Pantagruel. Una vez acabada, buscó editor, que resultó Isidro Ibarra Ooro. Sin embargo, a pesar de estar concluido la obra y haber sido estructurada en seis tomos para la impresión, sólo el primero acabó viendo la luz. Esta versión de Gargantúa se imprimió en 1910. En las "Advertencias" finales hizo saber que destinaba el tomo VI a un "Glosario que contendrá la explicación de algunos pasajes a los que han atribuido los comentaristas curiosas interpretaciones y alusiones políticas. A continuación, y en el mismo tomo, insertaremos un vocabulario explicativo de los nombres emblemáticos que con frecuencia usa el autor. Creemos que ha de ser más cómodo para nuestros lectores el manejo de estas claves en ejemplar separado, que el procedimiento seguido hasta hoy de interrumpir la lectura con acotaciones y notas". Y más adelante añadió: "En el tomo dedicado a Glosario y Vocabulario han de encontrar nuestros lectores cuanto a su buen sentido hayan ocultado los giros originalísimos y las construcciones sintásicas caprichosas de Rabelais. No hemos querido seguir el ejemplo de algunos editores franceses que han velado y envuelto entre las flores de la retórica moderna los vocablos y los giros pornográficos de Rabelais; el respeto que de todos merecen las obras de este sabio maestro será el perdón para estas crudezas que el traductor no se cree con autoridad bastante para suprimir." Años más tarde, en el "Prólogo" a la edición de 1923 y dentro de un epígrafe tan revelador como "Rabelais en España", Barriobero contará la peripecia del proyecto editorial frustrado: "A los dos año de ímprobo trabajo di fin a mi tarea. Había puesto en idioma español el Gargantúa y los cuatro libros de Pantagruel, y emprendí el nuevo calvario de buscar librero. Hubo un valiente que se atrevió a imprimir a Gargantúa; pero los libreros no quisieron venderlo, y así, a pesar de su buen deseo, no pudo emprender la publicación de Pantagruel.
[...] Tras esta revisión de los inicios de la fortuna de Rabelais en España, la posición de Barriobero sigue siendo capital, tanto por su papel global de introductor del autor francés en España como por su posición específica de primer traductor español de las "obras completas" de Rabelais, que concibió con una metodología innovadora. Si a esto sumamos la vinculación del descubrimiento de Rabelais a la vanguardia republicana, en un momento en el que la vanguardia literaria española -pongamos por caso, los escritores de la "generación del 27"- estaba reivindicando la figura de Góngora, muy estetizante pero socialmente poco defendible, advertiremos la trascendencia de la aportación de Barriobero, precursor, frente a la propuesta de Ortega, de un arte humanizado y popular. Ésa fue y sigue siendo la esencia de su aportación.

BRAVO VEGA, Julián. "Eduardo Barriobero, primer traductor español de Rabelais" [versión íntegra anotada].


Traducir Shakespeare al francés


Jean Louis Roux desgrana, en una entrevista a Theatre Museum Canada, las dificultades de traducir Shakespeare al francés: forma, énfasis, ritmo y significado.

La órbita de lo hegemónico

Alegoría de la inmortalidad, c. 1540.
Giulio Romano, (1499-1546).

Los traductores hemos de estar al tanto de que nuestras decisiones nunca son gratuitas. Con nuestros enunciados promocionamos el discurso prevalente o, por el contrario, precipitamos su evolución y cambio; nuestros usos particulares del lenguaje tienen una dimensión social: son granitos de arena que inclinan esa balanza siempre en precario equilibrio que, en cada coyuntura cultural, determina qué entendemos por norma, ortodoxia, orden establecido. Por tanto, todo traductor debe ser consciente de su responsabilidad en tanto que agente cultural: ningún traductor se limita a traducir, sin más, sino que con su pluma moldea el futuro de su comunidad. De hecho, el potencial de estos profesionales es inmenso, por cuanto ocupan una posición privilegiada, intersticial: la traducción es, dice Lefevere (1992b: 2), una ventana con vistas a otras realidades, y desde ahí se puede volver la mirada a la sociedad de partida y comparar, paliar las carencias detectadas y trabajar por su perfectibilidad. Los traductores debemos ser conscientes de estas bazas que nos brinda nuestro trabajo y nuestro emplazamiento (inter)cultural.

No obstante, hemos de estar también alerta ante los posibles frenos. Nunca se traduce desde la nada ni en un vacío: los traductores (re)presentamos los textos originales, no como son, sino tal y como los entendemos, tal y como emergen ante nuestros ojos tras mirar por las gafas cuyos cristales están tintados por las ideas preconcebidas que en nuestra cultura flotan. Plegándose a las expectativas existentes, la traducción de esta manera ciertamente se asegura su aceptación: ahora bien, corre el riesgo de confirmar asimismo las visiones estereotipadas y los prejuicios. Los traductores hemos de saber que estamos expuestos a la influencia del discurso hegemónico, con sus virtudes y sus defectos. El discurso del poder, el predominante, tiene, en efecto, un inmenso potencial imantador, cegador incluso. Y es que, como decía Foucault, no se sostiene sólo por su potencial prohibitivo y coercitivo; al contrario, lo dominante crea adhesión, tiene una dimensión productiva: "Lo que hace que el poder agarre, que se le acepte, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho va más allá, produce cosas, induce placer, produce discursos; es preciso considerarlo una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social más que una instancia negativa que tiene como función reprimir", dice el pensador francés en "La voluntad de saber" ([1997] 1992: 193). La traducción es un acto enunciativo que, aunque pueda tomar un rumbo excéntrico, está bajo la órbita de influencia de lo hegemónico.

Referencias:
FOUCAULT, Michel ([1997] 1992). La microfísica del poder. Madrid: La Piqueta. Trad.: Julia Varela y Fernando Álvarez-Uría.
LEFEVERE, André (1992b). "Introduction", en André Lefevere (ed.), Translation/History/Culture. A Sourcebook. Londres y Nueva York: Routledge, 1-10.

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MARTÍN RUANO, M. Rosario. "Gramática, ideología y traducción: problemas de la transferencia asociados al género gramatical" (pp. 205-237), en Pilar ELENA y Josse DE KOCK (eds.). Gramática y traducción. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2006. [p. 218]