"El traductor también es un creador"

Frances MacNair (1873-1921).

En la traducción literaria parece ya lugar común que, cuanto mejor poeta se es, mejor traductor. Ante la rotundidad de tal afirmación, quizá habría que entrar en matices: (re)definir el concepto de "poeta" y preguntarse qué lugar ocupan esos traductores que, sin ser poetas de profesión, piensan en verso o interpretan como nadie el papel del autor que tienen entre sus manos... ¡Porque haberlos, haylos!

Matices aparte, la curiosidad por saber cómo piensa la traducción el poeta me ha llevado hasta una entrevista a Xoán Abeleira, realizada por Rodrigo Olavarría para la revista 60 Watts. Fue publicada el 15 de mayo de 2009, pero no ha perdido actualidad y contiene verdades como puños. Para muestra, un botón:
Xoán Abeleira es poeta y traductor gallego nacido en Maracay, Venezuela, en 1963. Es autor de los libros “Umbral del Centinela/La piel iluminada” (Olifante, 1997), “Identidades” (Hiperión, 1998) y “Nueve motivos para un obsequio” (Mandala, 2001), y acaba de salir la edición bilingüe de “Animais Animais” (Animales Animales), por Bartleby Editores. Además ha realizado traducciones de una treintena de poetas entre los que se destacan los nombres de Rimbaud, Apollinaire, Breton, Desnos, Char, Artaud, Michaux, Rabearivelo, Esteban, Bonnefoy, Shelley, London, Berger, Ginsberg, Hughes y, claro, Sylvia Plath.

¿Xoán, cuál fue el inicio de tu relación con la traducción?
Comencé a traducir muy pronto, a los diecisiete años (o sea, cinco o seis años después de escribir mi primer poema), y justo en la época en la que descubrí a Rimbaud y sus poemas en prosa –lo cual es muy significativo para mí, pues Rimbaud sigue siendo una de mis identidades claves, en el sentido que yo le di a esa palabra en un poemario homónimo que, hoy por hoy, considero mi primer libro real, pese a haber publicado otros dos antes. Y eso, mi sentimiento de identidad, de afinidad, digamos, poética y anímica, mi pasión por la obra de Rimbaud y los misterios, los secretos, las verdades que ésta entraña, fue lo que me llevó a traducirla. Eso y mi amor por el francés -que me fascinó desde el primer momento-, mi amor, en realidad, por todas las lenguas y culturas del mundo. Y lo mismo cabe decir de todas las demás traducciones poéticas que he realizado hasta el momento: creadores y creadoras que, más allá de su apariencia formal, pertenecen, creo yo, al linaje de los poetas visionarios, de los poetas videntes, que es el que más me interesa, y el que me gustaría, algún día, merecer.

¿Cuál o cuáles de tus traducciones te han dejado más satisfecho?
En general, las de poesía, por los motivos que acabo de citar, ya que las otras, las de prosa, las realicé casi siempre por encargo, a mata caballo, y sin el tiempo necesario para poderlas revisar y corregir como a mí me gusta. O sea, ¡durante toda la vida! Porque yo… Reviso y corrijo sin parar (como bien saben los editores que me padecen). Jamás doy por terminado un libro ajeno ni mío. Como estoy plenamente convencido de que el traductor también es un creador -y, en consecuencia, que los creadores son los mejores traductores posibles- someto todas mis “creaciones”, digamos, a una revisión constante. De hecho, los volúmenes que he traducido, están llenos de tachaduras y de añadiduras. Incluso los de Sylvia Plath. Y digo “los” porque -aunque nadie lo sabe- las tres ediciones que han salido hasta ahora, en tan pocos meses, son distintas. He retocado varios poemas, he quitado algunas notas y he añadido otras. Así que, como se ve, en realidad… ¡no estoy plenamente satisfecho con ninguna de las traducciones que he realizado! Aun así, cuando toco este tema, siempre digo que una de las traducciones de las que estoy más convencido es de la antología Zona y otros poemas de la ciudad y del corazón, y, en concreto, del poema “Ciudad y corazón”, por las razones que expliqué en un artículo publicado en El País. En él, hablo de la manera en que yo traduzco, que, resumiendo, viene a ser la siguiente. Primero me empapo de la vida y de la obra de ese autor o de esa autora, leyéndolo y leyendo sobre él o ella, y luego… Digamos que intento ponerme en su lugar, y transvaso sus palabras de la manera en que yo intuyo que él o ella lo haría si emplease mi lengua. Una labor, la del transvase, que, por supuesto, casi nunca se da a la perfección, aunque a veces ocurren milagros, como que un poema sea mejor en la lengua a la que ha sido traducido que en la original. A veces. Muy pocas. De esa manera traduje a Rimbaud, renunciando a “constreñirlo” en unos moldes formales que él quería romper. Así, a Apollinaire, siguiendo la misma evolución poética que él siguió. Y así a Plath, a Shelley, a Desnos… Aunque, obviamente, cada caso es distinto. En este sentido -se me ocurre ahora- podríamos decir que la traducción es como una suerte de psicodrama en el que el traductor asume, interioriza el papel del creador o la creadora traducida. Tal vez…

¿Cuáles son tus traducciones preferidas de otros autores?
Ya he dicho que las traducciones poéticas que prefiero son las que realizan los y las poetas traductores. Y aquí, tanto en Galicia como en España, ha habido siempre una corriente incesante de muy buenos poetas traductores. Por no remontarnos muy lejos, desde la generación del 27 hasta ahora. Aquí, digo, y en todos los países, pues a los poetas, en general, nos gusta traducir a nuestras “madres” y a nuestros “padres”, de los que tanto aprendemos y a los que tantos debemos, ¿no? Pero, por citar sólo a unos cuantos, me gustan mucho las versiones (más que traducciones) que Yves Bonnefoi hizo de W. B. Yeats, y las que Ted Hughes hizo de los clásicos. Y las de Ángel Crespo, recuerdo –un auténtico maestro. O, ciñéndome a mi propia generación, que tanto ha supuesto en esta “carrera de testigos”, en este “transvase de aguas” que para mí es la traducción, podría citar a los españoles Alejandro Valero o Jordi Doce, y a los gallegos Suso Pensado o Manuel Outeiriño, que también son grandes poetas. Pues, obviamente, cuanto mejor poeta se es, mejor traductor.

¿Cuál es tu relación y cuál crees que debe ser la relación del traductor con respecto a su propia figuración dentro del texto? Digo esto pensando en relaciones tan distintas entre traductor y texto traducido como las de Pound y las de alguien como Juan Ferraté (traductor de los poetas griegos arcaicos) que afirma que es deseable la desaparición del traductor. ¿Será esto posible?
Sí, esto es algo que he discutido a veces con algunos compañeros de oficio, los que tienden, supuestamente, a “diluir” su personalidad en la obra que traducen… Yo creo que eso ocurre normalmente al principio, cuando uno está más inseguro, y aspira a ser “lo más fiel posible” al autor. Pero ¿qué es la fidelidad? ¿Algo objetivo? No lo creo. Es más, a veces ese afán de literalidad, es muy, muy contraproducente, porque empobrece el resultado. Si existiese una traducción ideal de éste o aquél libro ya la tendríamos. Más bien acontece lo contrario, que un traductor lea el trabajo de otro y piense: “Yo aquí habría puesto esto en lugar de esto otro”. Lo cual me parece lógico, pues hablamos, insisto, de una labor de creación, no de una labor mimética. No sé… Está claro que no hay reglas fijas, tampoco en este asunto… Yo creo que lo mejor es dejarse llevar por nuestra ciencia intuitiva… Como en la poesía. Porque yo… Mire, siempre he sido reacio a hablar de este oficio, igual que lo soy a dar “mi poética”, pues creo sinceramente que, al igual que de la vida, del amor o de la muerte, de todos esos grandes temas que conforman nuestra existencia, todo lo que digamos sobre la poesía y lo tocante a ella es siempre relativo.

De hecho, yo nunca doy “lecciones” a nadie sobre cómo hay que traducir. Ni siquiera se me pasa por la cabeza. Para serle sincero, no tengo ni la más remota idea de cómo hay que traducir. Tan sólo sé lo que yo hago. Ahora, cuando hablo de este oficio, me limito a poner ejemplos de los problemas con los que me he topado a lo largo de estos casi treinta años de profesión y a explicar la manera en que intenté resolverlos. Pero nada más. En mi caso, sin embargo, como creador que soy, reconozco estar muy presente en las traducciones que realizo. Algo que se notó desde el principio, en mi traducción de Rimbaud, al realizar esa ingente y creciente cantidad de notas, inusuales en aquella época, pero que yo creía absolutamente necesarias para los lectores actuales y, ¡ojo!, para los traductores futuros. Una suerte de pequeño legado para los compañeros y las compañeras que, sin duda, proseguirán nuestra labor. A este respecto, tal vez merezca la pena hablar de la experiencia de “traducción colectiva” que viví hace unos años, para implantar aquí una práctica que lleva décadas realizándose en Francia. Creo que éramos seis los poetas que tradujimos a Claude Esteban, con él delante, y, sí, fue una experiencia interesante. Lógicamente, surgieron muchas más soluciones de las que se le habrían ocurrido a una sola persona. El resultado fue así, muy impersonal, pero también muy light, y yo tuve la impresión de que ninguno de nosotros había quedado satisfecho con él, pues sin duda todos habríamos hecho algo muy distinto de haber traducido el libro de Esteban solos. No, no creo en esa supuesta objetividad, porque el hecho mismo de elegir un sinónimo en lugar de otro ya es un acto subjetivo, creador, y, para cada uno de nosotros, las palabras tienen una carga afectiva, consciente e inconsciente, que sin duda depositamos, querámoslo o no, al traducir.

OLAVARRÍA, Rodrigo. "Xoán Abeleira: traductor de la poesía de Sylvia Plath" [entrevista íntegra], en 60 Watts, 19/05/2009.

Sobre el proceso de traducción


En peligro, 1879.
John Atkinson Grimshaw (1836-1893).


En su Manual de traducción (pp. 78-79), el traductólogo Peter Newmark incluye algunas recomendaciones para abordar el texto original:
Por lo que al proceso de traducción respecta, hay que señalar que muchas veces resulta peligroso traducir más de una o dos oraciones antes de leer los dos primeros párrafos, a menos que echándole un vistazo rápido a todo el texto se convenzan de que los problemas que les va a plantear son mínimos. De hecho, cuanto más difícil es un texto (lingüística, cultural y "referencialmente" -en cuanto al tema-), mayor esfuerzo preliminar tendrán que hacer antes de empezar a traducir una oración, por la sencilla razón de que un presentimiento equivocado acerca de una palabra clave les puede llevar a una construcción errónea de todo un párrafo, con la pérdida de tiempo que lleva darse cuenta tarde -¡más vale tarde que nunca!- de que están haciendo el ridículo y volver atrás para corregirse. Ésta sería otra forma de mirar el eterno conflicto palabra-oración. Traduzcan oración por oración -y siempre de la forma más literal y cercana posible- mientras puedan, mientras los árboles no les impidan ver el bosque o captar el sentido general, y luego asegúrense de que se han dado cuenta -que no es lo mismo que traducir- de cada palabra del texto original. Aunque habrá, por otra parte, muchas palabras que ustedes tal vez decidan y con razón no traducir, como partículas modales, términos jergales o impuestos por la gramática, etc. Pero traduzcan primero casi palabra por palabra si éstas son "técnicas", tanto "lingüísticas" (marigot) como "culturales" (sesterce) o "referenciales" (sessile), y parecen contextualmente neutras. Luego deberán contextualizarlas y estar preparados para dar marcha atrás, si es que optaron por el significado técnico erróneo.

Hoy día, las nuevas investigaciones se centran en cómo traduce la gente, pero hay quizá muchos factores (estado anímico, límite de tiempo, necesidad de un cambio de método) que no se tienen en cuenta. A través de todo el proceso de pretraducción, uno se hace una imagen clara de lo que realmente está pasando, aunque sólo sea como una premisa que se ha de enmendar continuamente. Y esto sirve lo mismo en poesía que en una traducción técnica.

NEWMARK, Peter. Manual de traducción. Madrid: Cátedra, 1992 (versión de Virgilio Moya).

Breves reflexiones sobre la traducción literaria


¡Traición!, 1798.
Richard Newton (1777-1798).

Hace unos días, leía este interesante artículo de Maria Consolata Pangallo (Universidad de Turín) sobre la traducción entre lenguas afines, donde se analiza el caso concreto de la novela contemporánea. ¿Cuándo una traducción es fiel? ¿Hasta qué punto lo es? ¿Y fiel a qué: al sentido del texto, al autor, a la lengua de llegada, al lector? ¿Cuánto hay de verdad en el famoso dicho italiano "Traduttore, traditore"?
El propósito que se desea manifestar aquí es el de proponer algunos ejemplos de traducción en los cuales se intenta marcar la perspectiva actual del traductor y algunas entre las muchas dificultades que se pueden encontrar en el acto de la traducción. Como afirma Amparo Hurtado Albir en La notion de fdélité en traduction (1990), hay que recordar que las traducciones entre lenguas afines no resultan más fáciles con respecto a las traducciones entre idiomas más lejanos.
Es justamente al realizar una traducción desde una lengua cercana cuando se presentan más dificultades, y esto porque la traducción no es: "une opération de langue a langue mais une opération de sens à sens" (Hurtado Albir, 1990: 206). Y si la traducción no es una operación entre lenguas, sino más bien se realiza a nivel de sentido, las similitudes lingüísticas pueden crear una contaminación exagerada entre idiomas e impedir el desarrollo de las fases de la traducción:

La proximité des langues, bloquant la séparation nette entre les deux, freine le développement successif des phases (comprensión-déverbalization-réexpression) et le traducteur peut succomber au piège de traduire la langue sans interpréter le texte (Hurtado Albir, 1990: 206).

Con "fases de la traducción" me refiero a lo que Hurtado Albir considera una triple perspectiva de la traducción: a) como acto de comunicación, b) como operación textual y c) como actividad cognitiva.
En primer lugar se considera la traducción como acto de comunicación; su finalidad es comunicativa: "Se traduce para comunicar, para traspasar la barrera de incomunicación debida a esa diferencia lingüística y cultural; la traducción tiene, pues, una finalidad comunicativa" (Hurtado Albir, 2001: 28). La acción de reproducir o reformular un texto en otra lengua y cultura, no sólo incluye el aspecto estrictamente lingüístico sino también las intenciones comunicativas que están detrás de la lengua. 
En segundo lugar la traducción es una operación textual, que se realiza entre textos y no entre lenguas, y esto quiere decir que hay que tener en cuenta los elementos internos y los mecanismos de un texto. Entre los elementos internos, la coherencia y la cohesión textual; y sobre todo, los diferentes tipos y géneros textuales. Sin entrar en las problemáticas relativas a los géneros textuales y a los ámbitos temáticos, es evidente que son muy distintos los rasgos específicos de un texto literario, de un texto técnico (económico, médico, jurídico, etc.) o un texto general (periodístico, de información general, publicitario, etc.). 
En nuestro caso, en los ejemplos que voy a proponer, nos encontramos con problemáticas traductivas relativas a textos literarios. Amparo Hurtado Albir describe de la siguiente forma las características más evidentes que hay que tomar en consideración en el momento de traducir un texto literario:

En efecto, en los textos literarios se da un predominio de las características lingüístico-formales (que produce la sobrecarga estética), existe una desviación respecto el lenguaje general y son creadores de ficción, Además, los textos literarios se caracterizan porque pueden tener diversidad de tipos textuales, de campos, de tonos, de modos y de estilos. Así pues, pueden combinar diversos tipos textuales (narrativos, descriptivos, conceptuales, etc.), integrar diversos campos temáticos (incluso de los lenguajes de especialidad), reflejar diferentes relaciones interpersonales, dando lugar a muchos tonos textuales, alternar modos diferentes […] y aparecer diferentes dialectos (sociales, geográficos, temporales) e idiolectos […]. Todas estas peculiaridades caracterizan la traducción de esos textos y condicionan el trabajo del traductor (Hurtado Albir, 1990: 63).

El aspecto que plantea más dificultades al traducir un texto literario es la unicidad de cada obra literaria. Como sugiere Lorenza Rega, el traductor literario "si trova in prima istanza davanti alla difficoltà data dall'impossibilità di individuare delle regolarità ad esempio di tipo morfosintattico o lessicale all'interno di opere letterarie di autori diversi anche viventi nella stessa epoca […]" (Rega, 2001: 51). Y podríamos añadir que estas dificultades se presentan también en el interior de la producción de un mismo autor. 
La tercera perspectiva a la que aludimos antes es la traducción como actividad cognitiva. O sea, comprensión del texto por parte del traductor, como proceso mental para entender el sentido del texto: colocarlo primero en su contexto y luego reformularlo con los medios de otra lengua. Para seguir con las reflexiones de Amparo Albir: "Se trata de interpretar primero (el texto, el contexto, la finalidad de la traducción), para comunicar después" (Hurtado Albir, 2001: 41).
Los estudios sobre traductología de los últimos años evidencian cuánto ha cambiado la situación del traductor y, sobre todo, ponen de manifiesto la perspectiva más amplia que ha adquirido esta disciplina. El acto traductivo presenta peculiaridades no sólo relativas a aspectos lingüísticos, sino también extralingüísticos y culturales. Entre los especialistas, Paola Faini nos describe la importancia de los aspectos culturales relativos a la traducción en Dalla teoria alla pratica (2004). Ella considera la traducción como algo mucho más amplio respecto al hecho lingüístico, es decir, al simple pasaje de un idioma a otro:

L’atto del tradurre […] comporta, oltre al confronto tra due sistemi linguistci diversi, anche il confronto tra due culture diverse. Se la comprensione testuale, in tutte le sue implicazioni, rappresenta l’obiettivo primario della traduzione, il raggiungimento di tale obiettivo passa inevitabilmente attraverso il rispetto dei dati della cultura di partenza, e il conseguente loro inserimento nel contesto culturale di arrivo, affinché chi si accosta al testo tradotto non avverta l’imposizione di una cultura che potebbe essergli profondamente estranea (Faini, 2004: 17).

Una descripción panorámica y al mismo tiempo sintética de los estudios sobre traductología a partir de la segunda mitad del siglo XX, de los estudiosos que se han ocupado (y se ocupan) de traducción y de los principales cambios de perspectiva que se han producido se puede encontrar en el volumen de la estudiosa noruega Siri Nergaard. Además, este texto recoge una serie de importantes estudios sobre traducción publicados entre 1960 y 1990 por autores de relieve como Jurij Lotman, Roman Jakobson, Gideon Toury, James Holmes, Jacques Derrida, Octavio Paz y otros.
Lo que me interesa subrayar en esta ocasión es el cambio de perspectiva (relativamente rápido) que se ha producido en traductología. En este sentido, me refiero a la descripción que propone Nergaard sobre la evolución de los estudios de traducción. La estudiosa noruega reparte en tres principales períodos dichos estudios: un primer período (años 50-60) en el cual surgen los primeros estudios teóricos que se dirigen hacia un estudio descriptivo y sistemático de la traducción. Este período generalmente se define como "ciencia de la traducción". El campo de interés de los estudiosos (generalmente lingüistas) es el pasaje de una lengua a otra, casi no se considera el texto y menos todavía los aspectos extralingüísticos y extratextuales. En los mismos años 50-60, Roman Jakobson publica un artículo muy conocido, "Aspetti linguistici della traduzione in Saggi di Linguistica generale" (1966), en el cual describe tres tipologías de traducción debidas al hecho de que el signo lingüístico se puede interpretar en tres maneras: según se traduzca en la misma lengua, en otro idioma, o en un sistema de símbolos no lingüísticos. Este artículo vio la luz por primera vez en Brower, Reuben Arthur (ed.), On Translation. Cambridge: Harvard University Press, 1959, pp. 232-239.
El primer tipo es la traducción endolingüística, o reformulación, realizada entre un hablante y un destinatario que hablan el mismo idioma por medio de otros signos lingüísticos. El segundo tipo es la traducción interlingüística, que es la interpretación de signos lingüísticos mediante otro idioma, y es lo que tomamos en consideración aquí. El último tipo es la traducción intersemiótica o trasmutación, que consiste en interpretar los signos lingüísticos por medio de un sistema de signos no lingüísticos.
Entre los primeros estudios sobre traducción, no puede olvidarse a George Mounin, que ofrece una visión muy completa sobre la disciplina, empezando por una descripción histórica (a partir de los orígenes) para llegar a las principales teorías a él contemporáneas. A continuación Mounin comenta las primeras reflexiones sobre la traducción, repartiéndolas por áreas geográficas en las que nacen y se desarrollan; luego describe y clasifica la traducción según las tipologías de los textos (traducción técnica, literaria poética, teatral, etc.) y, finalmente, describe también las figuras del intérprete y del traductor.
Pero lo que más nos interesa es que Mounin subraya cómo el problema mayor en la traducción siempre ha sido y sigue siendo la fidelidad:

[…] il grande problema teorico che dominerà la trduzione per duemila anni: se bisogna essere fedeli alle parole del testo (traduzione letterale) o al pensiero contenuto nel testo e si tratta allora della traduzione libera o letteraria, dell'adattamento, della «bella infedele » (Mounin, 1965: 31).

En las décadas de los años setenta y ochenta empieza a cambiar la perspectiva: el campo de investigación ya no es sólo la lengua sino los textos en su entereza, y también los textos literarios. Se empieza a analizar el proceso traductor: si antes la actitud era teórica, con finalidad de establecer normas y criterios científicos para la práctica, ahora se estudia el fenómeno de la traducción en sí, para entender el acto traductivo. Ya no se intenta reducir la traducción a reglas de equivalencias lingüísticas, sino que se identifican y estudian los elementos que actúan en la traducción. En traductología se realiza una evolución paralela a la de la lingüística textual, se pasa del análisis de la palabra y de la frase al análisis del texto. [Gideon Toury, en In Search of a Theory of Translation, The Porter institute of Poetics and Semiotics, Tel Aviv University (1980), pp. 11-18, aclara muy bien que un cambio importante de perspectiva se debe al mayor interés de los estudiosos por las relaciones intertextuales con respecto a las interlingüísticas.]

La tercera generación a la que alude Nergaard identifica a los estudiosos y los trabajos que se han desarrollado en los últimos veinte o treinta años. La disciplina ya no se define como ciencia ni como teoría, sino más bien como ámbito de estudio. Justamente por su carácter tan amplio, algunos estudiosos definen este período como Translation Studies. En efecto esta definición de los estudios sobre la traducción empezó a utilizarse ya a partir del congreso sobre traducción y literatura que se celebró en Lovaina en 1976, cuando André Lefevere propuso utilizarla para indicar el análisis de los problemas pragmáticos y teóricos de la traducción (incluyendo la traducción literaria y no literaria, oral y escrita); aunque hay que recordar que el término lo utilizó por primera vez James S. Holmes.
James Holmes en su Translated! Papers on Literary Translation and Translation Studies dedica un capítulo entero a la descripción de "The Name and Nature of Translation Studies", y después de unas reflexiones sobre la terminología habla de Translation Studies como un campo de estudios:

As a field of pure research […] translation studies thus has two main objectives: (1) to describe the phenomena of translating and translation(s) as they manifest themselves in the world of our experience and (2) to establish general principles by means of which these phenomena can be explained and predicted (Holmes, 1988:71).

Holmes reparte en dos ramas los estudios, según sus objetivos: 1) la descriptive translation studies, esa parte de la disciplina que analiza y describe la traducción en sus aspectos concretos (como acto subjetivo), 2) la theoretical translation studies, rama de estudios relativa a las normas que permiten explicar los fenómenos traductivos (Holmes, 1988: 71). 

Entre los aspectos que se describen, lo que me parece importante subrayar es que actualmente la traducción se considera y se define por encima de todo como acto de comunicación entre culturas (Pym, 1992; Lefevere, 1992b). Esto quiere decir que en el momento de traducir hay que tener en cuenta no sólo el texto sino, y sobre todo, los contextos: tanto el de salida como el de llegada. 

A este propósito, Gianfranco Folena en 1991 decía: "ogni civiltà nasce da una traduzione […] almeno a partire dal latino la nozione del tradurre assume un’importanza fondamentale nel costituirsi di nuove tradizioni linguistico-culturali" (Folena, 1991:7). Algunos años después, en 2004, Paola Faini sigue con el mismo planteamiento:

L’atto del tradurre, in questa visione che lo colloca in un contesto assai più ampio di quello puramente linguistico, va ben al di là di un processo meccanico o di un semplice trasferimento. Esso comporta, oltre al confronto tra due sistemi linguistici diversi, anche il confronto tra due culture diverse (Faini, 2004: 17).

La estudiosa insiste sobre el hecho de que en un primer momento se debe conocer y comprender el texto en su lengua y cultura de origen, y después hace falta insertar el texto en el contexto cultural de la lengua de llegada:

Se la comprensione testuale, in tutte le sue implicazioni, rappresenta l'obiettivo primario della traduzione, il raggiungimento di tale obiettivo passa inevitabilmente attraverso il rispetto dei dati della cultura di partenza, e il conseguente loro inserimento nel contesto culturale di arrivo, affinché chi si accosta al testo tradotto non avverta l'imposizione di una cultura che potrebbe essergli profondamente estranea (Faini, 2004: 17).

Siempre con referencia a la relación entre traducción y cultura, Stefano Arduini marca la mayor importancia que, según él, debe tener el contexto del texto traducido, y dice: "Se tradurre significa adottare strategie di volta in volta diverse, si può allora tentare di riformulare il messaggio alla luce di una ricostruzione che però è sempre orientata dalla cultura in cui quella ricostruzione viene effettuata" (Arduini, 2007: 31).
 
En concreto, muchas veces al traducir nos encontramos con referencias a situaciones históricas o culturales que pueden presentar dificultades de reproducción en el texto de llegada y en el contexto del lector último. En ocasiones nos vemos obligados a "perder" algo y, por lo tanto, a intentar "compensar" la pérdida con alguna información. He utilizado aquí la terminología que propone Umberto Eco cuando habla de esta problemática relativa a la traducción:

Ci sono delle perdite che potremmo definire assolute. Sono i casi in cui non è possibile tradurre, e se i casi del genere intervengono, poniamo, nel corso di un romanzo, il traduttore ricorre all'ultima ratio, quella di porre una nota a piè di pagina […]. Un esempio di perdita assoluta è dato da molti giochi di parole[…]. Per fortuna questi casi non sono frequentissimi. Nella maggior parte degli altri casi intervengono problemi di perdita, sempre parziale […] a cui possono essere fatti corrispondere dei tentativi di compensazione (Eco, 2003: 95-96). 

Hablando de pérdidas y compensaciones es inevitable volver a las problemáticas relativas a la fidelidad en la traducción. Umberto Eco, respecto a este tema, pone en evidencia su concepto muy personal de traducción fiel con estas palabras:

Ma il concetto di fedeltà ha a che fare con la persuasione che la traduzione sia una delle forme dell'interpretazione e che debba sempre mirare, sia pure partendo dalla sensibilità e dalla cultura del lettore, a ritrovare non dico l'intenzione dell'autore, ma l'intenzione del testo, quello che il testo dice o suggerisce in rapporto alla lingua in cui è espresso e al contesto culturale in cui è nato (Eco, 2003: 16).

Hay que tener en cuenta que Eco habla desde una perspectiva muy particular, o sea, como autor de obras que han sido traducidas a muchos idiomas, y que él mismo puede comprobar si y cómo se ha respetado la intención del autor. Justamente por este motivo, el estudioso diferencia entre fidelidad al texto y fidelidad al autor; según él, lo que importa es la fidelidad para recrear la intención del texto y no la del autor.

Una posición parecida respecto al concepto de fidelidad en la traducción se encuentra en Hurtado Albir, que así describe el término: "Fidelidad expresa únicamente la existencia de un vínculo entre un texto original y su traducción, pero no la naturaleza de ese vínculo; hace falta, pues, caracterizarlo" (Hurtado Albir, 2001: 202).
La estudiosa centra el problema en el traslado del sentido de un texto a otro y no en su aspecto lingüístico. Es una fidelidad al sentido del texto y no al texto: "[…] propugnamos el principio de la fidelidad al sentido; este principio se concretiza en fidelidad a lo que ha querido decir el emisor del texto original, a los mecanismos propios de la lengua de llegada y al destinatario de la traducción" (Hurtado Albir, 2001: 202).

Adaptando la línea de la misma Hurtado Albir, podemos notar que en la fase de la comprensión de un texto se concretiza el primer parámetro de fidelidad: "La fidélité à l’original ne se situe pas au niveau des mots, ni du contenu, ni de l’époque, mais au niveau du vouloir dire de l’auteur, genèse du sens qu'ils transmettent. [...]" (Hurtado Albir, 1990: 115). O sea, la fidelidad en primer lugar debe realizarse con respecto al sentido del texto, que es la intención del autor, su vouloir dire. Pero la traducción también tiene que ser fiel a la lengua de llegada del texto y al destinatario de la traducción: "Si l'on ne reste fidèle qu'à un seul de ces paramètres et qu'on trahit les autres, on ne sera pas fidèle au sens. Une traduction qui n'est pas claire pour son destinataire ou qui présente des erreurs de langue n'est pas une traduction fidèle au sens" (Hurtado Albir, 1990: 118).

Es evidente que en el intento de rendir fidelidad al texto original participan: a) la subjetividad del traductor, b) la historicidad (como contexto histórico y cultural) y c) la funcionalidad del texto (finalidad de la traducción). En los últimos años, el concepto de fidelidad ha sido estudiado e interpretado bajo distintas perspectivas por los estudiosos de traductología, pero estas indicaciones generales me parecen ya de por sí suficientes. 

CONSOLATA PANGALLO, Maria. "La novela contemporánea española: ejemplos de traducción entre lenguas afines (español e italiano)" [artículo íntegro], en Artifara n.º 9, 2009.