La Biblioteca de Traductores es un fondo histórico digital de textos traducidos creado por el Grupo de Investigación T-1611 del Departamento de Traducción de la Universidad Autónoma de Barcelona y el Grupo de Estudios de Traducción "Inca Garcilaso de la Vega" del Centro Interdisciplinario de Estudios Europeos en Humanidades (CIEHUM), adscrito a la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, con la colaboración de investigadores de otras universidades. El fondo es fruto de un convenio internacional suscrito entre la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Nacional de Rosario, por el cual se establece un programa conjunto de investigación sobre traducción, historia y cultura hispánicas. El diseño del fondo se inició en el año 2000.
La finalitat de la Biblioteca de Traductors és formar un corpus digital selectiu i ordenat de traduccions ibèriques i americanes que pugui utilitzar-se amb propòsits didàctics o d'investigació. L'actual projecte d'edicions inclou textos literaris, filosòfics, humanístics i ceintífics que abasten des de l'Edat Mitjana fins a l'Edat Contemporània, seleccionats d'acord amb els següents criteris: la importància i la influència del text font en la història cultural general o del respectiu període; la recepció i la difusió de la traducció en la seva època o èpoques posteriors; el possible valor filològic o històric de la traducció; i la rellevància del traductor, sigui en el camp de la traducció o altres. La publicació de cada text va acompanyada d'una nota bibliogràfica sobre el traductor.
Además de estas traducciones individuales, el proyecto incluye la digitalización de diversas antologías y compilaciones que destacan por su importancia en la historia de las letras ibéricas y americanas, así como de textos teóricos, históricos y críticos en diversas lenguas.
Biblioteca de traductor/e/s
Traducción industrial
En la sección de cultura del diario El País se avisaba, el sábado 6 de enero de 2007, de un hecho tan universalmente conocido como generalmente practicado: la minusvaloración y, a veces, menosprecio de la labor de los traductores.
En el artículo "Traducciones crecientes, dinero menguante", Enrique Murillo denunciaba una situación universalmente conocida y colectivamente practicada, la de la precariedad profesional de los traductores a costa de las condiciones impuestas por los editores. Si esta anomalía es obvia, hasta el punto de que hoy se paga menos que hace cinco o diez años y que el incumplimiento de los contratos, cuando existen, es sistemático, sus causas son otras que las apuntadas: es absolutamente normal y entra dentro de la lógica contable que un editor atribuya los costes de traducción a los gastos de creación del prototipo y que, conceptualmente, formen parte de las inversiones previas que un editor debe realizar antes de que el libro salga a la venta, y por eso no es nada reprobable u ofensivo que se incluya dentro de los gastos industriales. Otra cosa, sin embargo, es que la traducción se considere una actividad secundaria e industrializada, mecánica y no profesional, y es ahí donde el editor comete un craso error, porque sus lectores --no importa en qué soporte o en qué formato-- no deberían perdonarle ese desliz, esa ligereza con la que trata una parte esencial del producto editorial final.
La Sección Autónoma de Traductores de Libros de la Asociación Colegial de Escritores de España no parece molesta, tampoco, porque se realicen cálculos promediados en función del número de palabras o matrices para evaluar los pagos, porque no sería posible realizarlo de otra manera, por ejemplo, haciéndonos cargo de la dificultad de traducir una frase de Faulkner o Nabokov. La cuestión, como ellos mismos establecen, es diferenciar a priori el grado de dificultad de la obra a traducir vinculándolo a un sistema tarifario. El problema no es, por tanto, la manera en que se calcula el precio de la traducción sino la presión a la baja que entraña el ejercicio no profesional o amateur de la traducción y la coacción a la que las editoriales someten al oficio.
La lectura del Informe sobre la situación del traductor en España resulta esclarecedor: "Se parte, pues, de la constatación de las dificultades existentes, para gran parte de estos profesionales, de darse a conocer, de difundir información acerca no sólo de sus condiciones de trabajo sino también de su función, de sus cometidos, del sentido y lugar social y cultural de su actividad. Entre los condicionantes de este "ocultamiento" se pueden nombrar algunos de los elementos que enmarcan el trabajo de buena parte de los profesionales: la dispersión, la inestabilidad e incertidumbre ante el futuro, los elementos de control derivados de los vínculos contractuales establecidos... Si estas son características que ya se desvelaban en trabajos anteriores como definidoras de la "condición" de traductor, conviene inscribirlas asimismo, como elemento de refuerzo, en el marco más general de una situación en el mundo laboral y productivo caracterizada en los últimos años por un proceso acusado de fragmentación social y de concentración empresarial, una puesta en entredicho del pacto colectivista y un predominio del individualismo metodológico también en el tratamiento de las relaciones laborales."
Se equivocan los editores que no vean al traductor como un aliado indispensable y sí como un trabajador maquinal a destajo.
RODRÍGUEZ, Joaquín. Edición 2.0: Los futuros del libro. Melusina, 2007.
La adaptación cinematográfica
Los nuevos enfoques metodológicos del fenónemo de la adaptación cinematográfica tienen en común el reconocimiento de la independencia entre el producto resultante y el texto de partida y, por consiguiente, la inoperancia de juzgar éste último a partir de criterios que valoran la fidelidad con relación a aquél. Ya los formalistas rusos, los primeros en abordar de manera rigurosa las relaciones entre cine y literatura, introdujeron varios conceptos operativos comunes al análisis de ambos medios artísticos (forma, función, organización narrativa) e insistieron en la necesidad de distinguir entre dos lenguajes perfectamente diferenciados...
Esta opción de abordar el problema de la adaptación desde una perspectiva pragmática superadora del estrecho marco de las relaciones intertextuales es la que ha proporcionado mayor rendimiento teórico a las aproximaciones más recientes. [...] Entre las aportaciones superadoras del marco exclusivamente intertextual, hay que referirse, en primer lugar, a la propuesta de Toury, quien aborda el estudio de la adaptación fílmica como un proceso de traducción. Parte para ello de la constatación de que ambas tienen como punto de partida el texto y producen textos y de que ambas representan a la vez un proceso de transformación y de transposición de textos.
PÉREZ BOWIE, José Antonio. La adaptación cinematográfica a la luz de algunas aportaciones recientes. Universidad de Salamanca.
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He aquí una muestra de las versiones cinematográficas a las que la novela 1984, de George Orwell, ha dado lugar a lo largo de la historia. Desde la primera adaptación televisiva --producida por la BBC en 1954-- hasta la película más actual dirigida por Michel Radford, pasando por el trabajo que Michael Andersen llevó a la gran pantalla en 1956. Diferentes lecturas de una misma obra, versiones de un texto matriz.
Adaptación televisiva de Nigle Kneale, 1954.
Versión de Michael Andersen, 1956.
Versión de Michael Radford, 1984.
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