Importancia de la documentación


© Rob Gonsalves

Cualquier traductor ha sufrido en carne propia las consecuencias de una labor de documentación que no ha sido todo lo exhaustiva que debería ser o de una falta de conocimientos generales. Es un error considerar que sólo los textos llamados especializados exigen dicho trabajo. La tarea de la traducción exige de su practicante una formación lo más amplia posible y, sobre todo, una disposición para completarla de modo permanente. Para ello se hace imprescindible un continuo compromiso con el aprendizaje y la voluntad de resistir a los insidiosos cantos de sirena de la comodidad.

Es importante ser conscientes de que ni el texto se reduce al formato de la página ni la interpretación al resultado de una lectura rápida. La tarea del traductor es desactivar ese campo de minas de la referencia extratextual. Peter Newmark ha comparado acertadamente la traducción a un iceberg: la mayor parte está debajo de la superficie. Por esta razón, el recurso a las obras de consulta debe convertirse en un automatismo de la labor traductora.

El traductor debe tener un buen dominio de la cultura de la que traduce y ser capaz de emprender tareas de documentación que pueden entrañar cierto grado de especialización, pero sobre todo tiene que poseer un buen oído para reconocer posibles ecos intertextuales, temáticos o culturales, así como para detectar posibles anomalías semánticas en la versión que está produciendo. Tras ese primer paso, su curiosidad y su sentido de la responsabilidad lo llevarán a esclarecer la posible referencia, duda o ambigüedad.

LÓPEZ GUIX, Juan Gabriel y Jacqueline MINETT WILKINSON. Manual de traducción, Barcelona: Gedisa, 2001 (pp. 200-201).