Hablar
hoy en día de "teoría de la traducción" es referirse a una infinidad de
propuestas teóricas que han convertido esta disciplina, recientemente
constituida, en un caos conceptual rayano en el absurdo. En los últimos
30 años, la sucesión de propuestas, supuestamente "orientadas" a
"orientar", más que al profesional, al docente de la traducción, ha sido
tan continua, repetitiva y contradictoria que el efecto conseguido ha
sido el contrario del pretendido: la desorientación. No obstante, el
docente y el profesional deben tener en cuenta las formulaciones hechas
por esta disciplina, tanto por su valor cognitivo como por su valor, aunque menor, pragmatizable.
[...] La teoría de la traducción
trata de orientar la formación del traductor hacia la adquisición de las
claves del universo del discurso (sociedad, cultural, historia,
contenidos científicos, etc.) ¿Quiere decir esto que esta nueva
perspectiva integradora invalida las anteriores de los lingüistas
generativistas o las de los técnicos de la traducción? En parte sí, si
bien todas ellas son reutilizables. Por supuesto que se puede seguir
hablando de errores, de corrección o incorrección de una traducción en
los términos tradicionales, basados en criterios mayormente
contrastivos. Pero estos conceptos no deberían ser los determinantes a
la hora de realizar una traducción o a la hora de apreciarla o
desecharla. Considerar el acto traductivo como un acto complejo,
susceptible de múltiples descripciones y diversas perspectivas y añadir a
todas ellas laconsideración del momento opcional-estético que toda
traducción comporta es la visión más adecuada que posiblemente se sitúa
muy por encima de lo que hasta ahora se ha practicado en la teoría de la
traducción. Cualquier teoría de la traducción que pretenda una validez
universal deberá ser de amplia concepción casuística, de base
lingüística y cultural universal y de resultado integrador de las múltiples opciones y
disciplinas que se activan en su ejercicio. Porque la traducción no es
un concepto unívoco; es una realidad pluriforme, dinámica y dialéctica
que exige una contemplación amplia y no exclusivista de su
fenomenología.
La
capacidad modeladora de la teoría debe proponer modelos que sean
funcionales y, en todo caso, más sencillos que la realidad modelada, en
nuestro caso, la traducción. La orientación pragmática de la teoría de
la traducción debe proponer, por encima de todo, la opcionalidad del
procedimiento, la presencia implícita del destinatario en el proceso y,
por supuesto, la creatividad del traductor frente al texto y frente al
destinatario. Y la función hermenéutica debe atender a la historicidad y
sociabilidad de una actividad sin la que la historia del mundo habría
sido distinta. Frente a este ideal utópico de una teoría integradora de
la traducción, ¿qué es lo que, en las propuestas realizadas, en la
teoría de la traducción "realmente existente", tiene vigencia y validez?
Sin duda, muchas cosas:
1.- Su pretensión formalizadora y
analítica, que ha logrado importantes avances conceptuales, al
identificar o fijar una amplia diversidad textual no réductible a un
concepto unívoco del texto y que determina la activación de un
procedimiento u otro, de una metodología u otra a la hora de realizar la
versión. Hoy en día somos definitivamente conscientes de que un texto
literario no exige el mismo tratamiento traductivo que un hypertext;
- una no menos amplia diversidad tipológica de traducciones o de métodos
traductivos que va desde la traducción morfemática a la traducción
retórica, pasando por la gramatical y la libre y que debe adaptarse a
las necesidades del público lector y a las conveniencias del productor
del texto. A este respecto la casuística de la autotraducción puede ser
clarificadora;
- el carácter de relación laboral implícito en la
traducción, en la que la voluntad del mandante o las expectativas del
destinatario pueden den ser determinantes.
2.- La consecución de una terminología diferenciada que, una vez
depurada la ganga verborreica implícita a la que se apuntan muchos
advenedizos, puede servir para un mejor manejo de la realidad a la que
sirve esta teoría.
3.- Algunos principios operativos, como el de la dinamicidad o el de la
funcionalidad del acto traductivo, que hoy tienen carácter
rector.
4.- Sobre todo, algunos procedimientos o técnicas de traducción que, sin que hayan sido descubiertos en nuestra época, se han sistematizado de manera didáctica en el presente. Conceptos como modulación, ampliación o supresión ya están presentes en Cicerón o en Jerónimo de Estridón. Cuando Cicerón proponía la traducción de las palabras no según su número, sino según su peso, no hacía sino aludir a un tratamiento traductivo del texto que en nada se diferencia del actual. Hoy en día esas técnicas se han clasificado y escolarizado, lo que no es poco. En todo caso, a pesar de todo lo que ha llovido sobre la teoría de la traducción, nos faltan principios y nos sobran métodos. También la traducción intuitiva, la traducción inmediata es, ha sido y seguirá siendo efectiva.
5.- Finalmente, orientadoras descripciones fenomenológicas y axiológicas de la tarea versora por parte de filósofos y antropólogos de la traducción que, a pesar de sus rendimientos en el trato o relación del lector con la traducción, son despreciados por esos advenedizos que sin mayor "conocimiento de causa textual real", quieren marcar las pautas de comportamiento del traductor y del crítico con el texto traducido y con la actividad traductora en general. Pero, frente a estos logros, ¿qué debe adquirir todavía esta teoría, cómo debe orientarse? Si quiere ser efectiva, deberá formular principios, más que métodos. Estos los desarrollará empíricamente el traductor una vez que tenga los primeros.
Nida ha titulado, con razón, uno de sus trabajos "Principles of Translation as exemplified by Bible Translating". Efectivamente, la estética de la traducción y su filosofía, es decir, los principios, son todavía la asignatura pendiente. Tal es el camino por el que tiene que seguir la reflexión traductológica, aunque debe quedar claro que, como afirma R. Pannwitz, "la filosofía solo puede dar la base, nunca ejecutar la acción". Dar a la filosofía que orienta la primacía sobre una supuesta ciencia de la traducción, que poco sirve pues poco se aplica, es una tarea urgente en el campo de la disciplina, que debe huir de la verborrea terminológica.
En segundo lugar, debe conseguir una mayor claridad conceptual, mayor unidad e integración y una formulación más sencilla. Esto exige teóricos polifacéticos, que dominen la historia de la traducción y de su teoría, la historia de las ideas estéticas y de la literatura, y que orienten su actividad con voluntad de síntesis y de utilidad pragmática, renunciando a una oscuridad terminológica acuñada para consumo interno, y que lleva a una hipertrofia del meta-lenguaje que caracteriza la teoría existente.